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lunes, julio 31

¿La Casa Blanca existe?

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Esta mañana cuando George Bush ingresó al restaurante Versailles, en la Calle Ocho, lo esperaba un grupo de empresarios para desayunar. Pero afuera, también querían verlo el grupo que todos los días a aquella hora, se concentra allí para tomar su cafecito. En medio del ajetreo de las cámaras de televisión y los reporteros, uno de ellos se aproximó de un fotógrafo de la AP y le preguntó si “el señor Snow” no estaba allí. Se refería al nuevo portavoz de Bush. El fotógrafo, ni corto ni peresoso le contestó que no, que Snow "se quedó durmiendo". Reacción del otro: “Imposible, hombre. El es un buen republicano, no deja al presidente solo”. La verdad es que Snow no estaba allí – llegó poco después – pero de hecho a Snow se la ha visto muy poco en estas últimas 24 horas y siempre que ha aparecido, está consultando su “blackberry” continuamente como si de él dependiera su vida. En el Centro Nacional de Huracanes le presidente escuchaba atentamente la explicación de los metereologos y Snow, a un costado, miraba el aparatito. Dos horas más tarde, cuando el presidente dio una vuelta por el canal principal del puerto de Miami, Snow estaba recostado en el escanpavías, mirando al “blackberry” y si el gobernador no lo hubiera llamado para algo, todavía no lo hubiera soltado. Todo esto viene a propósito porque uno de los defectos de esta visita presidencial al sur de la Florida fue la falta de comunicación de la Casa Blanca con los reporteros. El asunto de hecho se transformó en un chiste. Mi colega del Herald, Lesley Clark llegó a preguntarme, “¿has visto a alguien de la Casa Blanca? ¿Has hablado con alguien de la Casa Blanca? ¿Estás citando en tus historias a alguien de la Casa Blanca?”. No sigas, le contesté, porque estoy por creerme que así las cosas la Casa Blanca no existe.

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Hoy fue un día casi de paseo. El discurso en los Guarda Costas, la mención siempre necesaria a Cuba, la visita al Centro de Huracanes, el paseo por el Canal del Puerto de Miami – que sirvió más de oportunidad fotográfica que propiamente inspección de seguridad – todo fue perfectamente coreografiado. Confieso que he seguido a varias comitivas presidenciales pero nunca había visto a un agente del servicio secreto describiéndome al detalle, media hora antes, lo que el presidente iba a hacer, como se iba a voltear, como se iba a colocar delante de la silueta de la ciudad, para que no quedaran dudas de que estaba en Miami. Fue todo tan bien coreografiado que estuve tentado a preguntarle si no se había equivocado de profesión y no debía dedicarse a dirigir alguna que otra versión, del conocido Lago de los Cisnes. Así que ya saben, en esto nada es dejado al acaso. Si acaso, talvez, el tropezón que Bush dio al regreso a Washington que, si no se agarra a tiempo, podía haber terminal en el asfalto de la pista. Y no caminando.

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Fotos: RF

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