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sábado, julio 22

Gianfrancesco Guarnieri

La peor cosa que le puede pasar a alguien que escribe para ganarse la vida es tener que pararse ante una hoja en blanco y no saber que escribir. Es lo que me pasa ahora que me acabo de enterar que Guarnieri se murió. [Pausa. 30 minutos después. Sigo]. No puedo decir que lo conocí primero porque la verdad es que él me conoció a mi cuando todavía andaba dando vueltas por la barriguita de mi madre. Guarnieri era el Primer Actor de Brasil. Amigo de mi familia como pocos, a punto de darle a su segundo hijo, Rogério Paulo, el nombre de mi padre. En 1959, Guarnieri y su esposa, Cecilia Thompson se fueron a Lisboa, para estrenar la obra “Ellos no usan Black-tie”, el texto cumbre del dramaturgo que fue Guarnieri, además de actor, y que décadas más tarde se volvió una película de éxito. En esa época dejaron a su hijo mayor, Flavio, al cuidado de mis padres y así yo pasé mis primeros meses de vida con un amigo que nunca más he vuelto a ver y a quien ahora estoy a su lado. Muchos años después, terminé conociendo a Guarnieri en La Habana, a donde apareció como jurado de un premio literario, recitando a José Martí de memoria. Nos divertimos muchísimo recordando los tiempos en que él y su esposa se divirtieron con mis padres. Guarnieri queda en la historia de Brasil no apenas como su mejor actor pero también como uno de los pilares de su cultura. Insustituible. Para mí, fue un honor ser su amigo. Y a todos nosotros nos va hacer mucha falta. Esta foto es un viejo tesoro de familia que por décadas ha decorado un rincón de nuestra casa familiar en Lisboa. Guarnieri con Cecilia, Flavio y Rogério. Até logo, Gianfrancesco.

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